Hay un motivo por el que tardé mucho en autopublicar por primera vez. No fue el costo o la falta de información sobre las editoriales y sus procesos. Era la ausencia. Existen diferentes formas de vivir los duelos y mi forma de vivirlo fue escondiéndome por mucho tiempo
Escribir un poemario no es rápido, menos si construyes un universo completo para él como en el caso de (IN)Gesta. Pero es peor cuando tu cerebro simplemente se bloquea por el dolor que estás viviendo.
Volví a sus páginas luego de más de 6 años gracias a dos amigos: Alex Ramos y Christian Cruz, con quienes formamos un grupo para hablar de nuestros poemarios. Nos reuníamos una vez por semana para avanzar nuestros proyectos, compartirlos y conversarlos. Si no fuera por ellos, quizá no hubiera seguido las páginas del libro.
La hoja en blanco
La hoja en blanco es uno de los principales desafíos, creo yo, que tenemos los escritores. A veces tenemos ideas dándonos vueltas en la cabeza, universos, historias que quieren salir. Pero entonces, nos sentamos frente a la PC o frente a una hoja de papel (a la antigua) y nada sale. Las ideas están ahí, sí, pero también muchas otras cosas que no dejan que tomen forma: nos cuesta parirlas.
Los duelos han sido en vida, formas para empezar o parar mi escritura. Quizá por eso la muerte esté tan presente en mis relatos y poemas. Los primeros cuentos que escribí fueron a mis 11 años, cuando mi abuela estaba en hospital y continué prolíferamente tras su muerte. La muerte de mi abuelo materno también tuvo el mismo efecto. Pero la muerte de mi madre, en 2016, me llevó no solo a la hoja en blanco (rehíce el poemario desde cero) también borré la página web en la que compartía mis escritos, casi todos mis archivos en mi disco duro e incluso los cuadernos a mano que tenía hechos los quemé.
Y cuando volví a la hoja… No solo la tenía en blanco, sino que me volví más crítica. Al extremo de hacer y rehacer varias versiones de un mismo texto porque ninguna me gustaba. O quizá porque no quería publicar nada si no estaba mi madre. Después de todo, ella siempre había estado en todo mi camino literario, robándome las hojas que escribía a manos para leerlas u hojeando mi biblioteca para ver mis anotaciones. ¿Cómo podían salir esas historias o poemas a la luz si ella no estaba?
Lo que me ayudó a volver a escribir
No creo que exista una respuesta única para el reto de todo escritor, porque no existe detrás de cada hoja en blanco una misma causa. Pero puedo decir lo que me funcionó:
- Formar un grupo de escritura. Reunirme con colegas que tenían un proyecto en camino como yo para obtener retroalimentación y mejorar juntos. O simplemente para retomar la pluma y poner un poco de presión sobre tus avances. Además, es una buena forma de leer nuevas estéticas.
- Inscribirme en cursos de literatura. No llevé cursos de poesía, pero si uno de guion y otro online con Cronwell Jara. La técnica, creo yo es el mejor aliado cuando no encuentras la forma para una idea.
- Leer nuevas voces o volver a leer a tus autores favoritos. No sé si les pase a todos, pero a mí me alienta a hacer ejercicios de escritura, a tratar de comprender sus técnicas, sus aciertos y jugar con las formas y temas.
Esta pequeña reflexión, es una forma de compartir con la comunidad mi proceso creativo; pero también de aportar con cosas que a mí me han funcionado por si también pueden ser útiles para afrontar momentos (duelos, hojas en blanco) y avanzar en su camino literario. ¡Los leo!



