¿Cómo nacen los cuentos? Viajar en una combi tiene sus «placeres». Y no, no hablo de la gente apretándote, tosiendo en tu cara o empujándote porque se pasó un paradero. No, nada de eso.
Había olvidado algo importante: aquí las historias se van contando entre los baches del camino. Hay gente que conversa con sus acompañantes, que hace una llamada telefónica y habla en voz alta; personas que cargan papeles y andan apuradas; estudiantes o trabajadores que se duermen porque quizá dobletean, trabajan y estudian, cuidan a algún familiar en sus horas libres o simplemente se fueron de juerga el día anterior.
En la mente del escritor, las tramas se van tejiendo alrededor de cada uno de esos personajes. Quien dice que ha perdido las ideas es porque, simplemente, no tiene la costumbre de sentarse y dejar que los personajes cuenten, con sus acciones, sus propias historias.
Un ejercicio para aprender a escuchar
Un ejercicio narrativo que les propondría a mis alumnos, si los tuviera, sería este: lleva una grabadora o enciende la del celular en el microbús y graba la conversación de alguien. De hecho, fue un ejercicio muy divertido que hicimos en un taller de guion para entender cómo hablaba la gente. Y fue útil.
Pero, en este caso, el reto sería otro: completar la historia. Crear una historia a partir de lo «medio dicho»; es decir, de esa media historia que alcanzamos a oír durante nuestro trayecto.
Una historia escuchada en el micro
Te cuento una experiencia.
Ahora que vuelvo a viajar en microbús —algo que no hacía desde hace mucho tiempo— escucho a una mujer que conversa con una amiga. Acaba de verla, de saludarla, de sorprenderse porque se encontraron en el micro. No parece que se vean con frecuencia ni que sean amigas inseparables, pero la mujer que acaba de subir tiene algo urgente que contar y, justo, esa amiga está allí para escucharla.
¡Qué suerte la del escritor que escucha!
¿Y qué cuenta?
La mujer dice que, hace unos días, recibió una llamada de su hermana, quien vive en provincia. Su hermana le aseguró que la había visto junto al árbol de higo que está frente a su casa y, después, entrando a la vivienda.
Corrió a buscarla. Entró a la casa. No había nadie.
Eso no fue lo más sorprendente.
Angustiada, la llamó al celular para preguntarle dónde se había metido.
—Estoy en mi casa, cocinando —respondió la mujer desde Lima.
La hermana, desconcertada, le contó lo que acababa de ocurrir y luego le hizo una pregunta:
—¿Cómo estás vestida?
La mujer describió su ropa.
Al otro lado de la llamada hubo un breve silencio.
Entonces la hermana respondió:
—Eras tú. Estabas vestida exactamente así, aquí, al lado del árbol de higo.
Un cuento escondido dentro de otro
Si observas con ojo de escritor, aquí hay dos historias.
La primera es la que acabo de contarte: la conversación entre dos amigas que se encuentran por casualidad en un microbús.
La segunda es la de esa mujer y su doble apareciéndose en provincia, junto al árbol de higo.
A mí, de inmediato, me lleva hacia un relato fantástico de duendes, árboles de higo y presagios. El tema del cuento ya existe; el argumento puede empezar a tejerse a partir de esa escena escuchada al pasar.
Podría resumirse así:
Paula descubre que una mujer idéntica a ella se está apareciendo junto al árbol de higo de la casa de sus padres, en Ica. Viaja para averiguar qué ocurre y termina descubriendo el secreto que guarda ese árbol desde hace generaciones.
Si te cuento más, te haría spoiler.
Lo que sigue en el proceso creativo es estructurar la secuencia narrativa. Primero, ordenar las ideas sueltas del borrador. Luego, escribir cada escena. Después, decidir la temporalidad del relato y, finalmente, pulir el texto hasta convertirlo en una historia terminada.
Como ves, hasta la experiencia cotidiana más simple puede dar origen a una historia. En cualquier lugar hay un cuento esperando ser descubierto; solo hace falta observar y transformar lo común en algo extraordinario.
¿Te animas a hacer este ejercicio? La próxima vez que viajes en un micro, esperes en una fila o te sientes en una plaza, presta atención a las conversaciones, los gestos y los silencios. Quizá ahí esté el comienzo de tu próximo cuento.
Cuéntame tu experiencia en los comentarios.



