No creo que exista una única respuesta sobre cómo escribir poesía. Cada escritor tiene su propio proceso, sus motivaciones y sus formas de acercarse al lenguaje.
El objetivo de este artículo no es ofrecer un manual para escribir poesía, porque no creo que exista una fórmula capaz de producir un buen poema. Si la hubiera, todos los poemas serían iguales y provocarían el mismo efecto.
Lo que encontrarás aquí es mi propio proceso. No pretende ser una verdad universal, sino una experiencia compartida. Toma de él aquello que te resulte útil y deja lo que no dialogue con tu manera de escribir.
El borrador no es el poema
En mi experiencia, es difícil creer que el primer poema que escribes ya está perfecto. Diría, incluso, que pensar eso suele ser un exceso de confianza. El oficio de escribir también exige desarrollar una mirada crítica sobre nuestro propio trabajo.
Eso sí, esta capacidad puede convertirse en un arma de doble filo. A mí me ocurre con frecuencia: nunca estoy completamente conforme con un poema. Mi poemario (IN)Gesta es un buen ejemplo. Es la sexta, séptima u octava versión —ya ni lo recuerdo— y, aun ahora, mientras escribo estas líneas (1 de julio de 2026), cuando el libro ya está en proceso de edición, sigo encontrando versos que me gustaría cambiar. Aunque sé que, en este punto, la obra ya escapó de mis manos.
Para mí, un poema terminado no es el primer borrador, sino aquel al que le has dedicado tiempo, lectura y reescritura.
¡Haz este ejercicio!:
Escribe un poema, guárdalo en una carpeta durante unas semanas y vuelve a leerlo después. La distancia te permitirá descubrir si funciona como creías, si aún puede crecer o si, simplemente, ha llegado el momento de enviarlo a la papelera de reciclaje.
Encuentra tu voz
Además de literata, también he incursionado en la música. Con el tiempo descubrí que ambas disciplinas comparten algo fundamental: cada artista necesita encontrar su propia voz.
En el canto, dos personas pueden interpretar la misma canción y, aun así, sonar completamente distintas. No solo por el timbre, sino por la intención, la respiración, los silencios y la técnica. En la poesía ocurre algo parecido. Podemos escribir sobre el mismo tema —el amor, la muerte, la infancia o el duelo—, pero la manera en que lo hacemos es lo que nos vuelve reconocibles.
Por eso, aunque admirar a otros escritores es parte del aprendizaje, el objetivo nunca debería ser imitarlos. Lo verdaderamente valioso es descubrir qué hace única tu escritura. Esa búsqueda requiere tiempo, lectura, escritura y reescritura.
Con el tiempo, tu escritura comienza a ser reconocible. Tus lectores pueden identificar un poema tuyo incluso antes de ver tu nombre. Esa identidad literaria nace de la suma de tus decisiones: los temas que eliges, las imágenes que construyes, el ritmo que prefieres, las palabras que repites, los silencios que dejas y la manera en que entiendes la poesía. Todo ello va configurando tu poética y la forma en que dialogas con el mundo a través de tus versos.
Tómate el tiempo para observar y tomar una postura
El arte, y la poesía en particular, es una forma de expresar nuestra visión del mundo. Puede sonar a cliché, pero no deja de ser cierto. En un poema —o en un poemario— transmitimos nuestra manera de comprender la sociedad, la humanidad, el dolor propio, el dolor ajeno o incluso el significado de una simple hoja que cae de un árbol.
La inspiración, al menos para mí, no proviene de las musas. Nace cuando algo de la realidad nos conmueve lo suficiente como para exigir una forma de ser dicho. El poema no surge de una iluminación repentina, sino del encuentro entre esa experiencia y el trabajo de la escritura. No es una catarsis; es una elaboración.
Por ejemplo, para mi poemario (IN)Gesta, uno de los puntos de partida fue preguntarme cómo algunas personas pueden perder su humanidad sin darse cuenta. Cómo, en la búsqueda del poder, la riqueza o la ambición desmedida, terminan degradándose poco a poco, incluso por encima del bienestar de su propia familia, hasta dejar de reconocer en sí mismas aquello que las hacía humanas.
No es una crítica política, aunque pueda leerse de ese modo. Es una reflexión sobre los sistemas que nos absorben y sobre la facilidad con la que podemos perder nuestra identidad cuando dejamos que una ideología, una institución, una empresa o cualquier otra estructura piense por nosotros. Poco a poco dejamos de cuestionar, de mirar al otro y de actuar desde nuestras propias convicciones para convertirnos en parte de una masa que nos ciega, nos silencia y termina transformándonos.
Por eso, antes de escribir, date tiempo para observar. Pregúntate qué te conmueve, qué te indigna, qué te duele o qué te maravilla. La poesía no nace solo de las palabras, sino de la forma en que decides mirar el mundo.
La técnica importa
Aunque puede resultar tedioso hablar de técnica cuando se habla de poesía, lo cierto es que también importa. Conocer la técnica no limita la creatividad; amplía las posibilidades del lenguaje. Un poema necesita encontrar la forma adecuada para que aquello que queremos expresar llegue al lector con la fuerza, la claridad o la ambigüedad que exige el propio texto.
La métrica, el ritmo, la rima y los recursos retóricos son algunas de las herramientas del oficio. No se trata de escribir siguiendo reglas inquebrantables, sino de comprenderlas para decidir cuándo utilizarlas y cuándo apartarse de ellas.
Después de todo, romper una regla solo tiene verdadero sentido cuando primero se conoce.
No escribimos para demostrar cuánto sabemos del lenguaje. Escribimos porque hay algo del mundo que no puede seguir guardándose en silencio.
Lee poesía
Podría hacer este artículo interminable compartiendo todos los consejos que me han resultado útiles. Sin embargo, quiero terminar con uno que considero indispensable: lee poesía.
Si no somos lectores del género, ¿cómo podemos aspirar a escribir mejores poemas? ¿Cómo podemos saber qué se está haciendo en la poesía contemporánea? ¿Cómo dialogar con otras voces y otras poéticas?
Construye una biblioteca personal en la que convivan los clásicos con los autores contemporáneos. En la mía están Vallejo, Neruda, Benedetti, Blanca Varela, Carmen Ollé, Rubén Darío, Alejandra Pizarnik, Miguel Hernández y Marco Martos, pero también escritores que están publicando hoy. Leer a quienes escriben en nuestro tiempo nos permite conocer nuevas formas de entender la poesía, cuestionar nuestras propias certezas y recordar que la tradición sigue escribiéndose todos los días.
Y ahora quiero leerte a ti. ¿Qué libro de poesía contemporánea me recomendarías? Déjamelo en los comentarios. Me encantará descubrir nuevas voces.





