Generalmente, cuando buscamos en Google «¿Cómo escribir un poemario?», nos salen consejos o tips que parecen sacados de la IA a partir de diferentes fragmentos. O hallamos en los primeros sitios artículos de redactores que no son poetas.
Si has llegado hasta aquí, no esperes una respuesta rápida; para eso está AI Overview o ChatGPT. La poesía, al menos como yo la entiendo, no nace de salidas rápidas, sino de procesos.
Lo que encontrarás aquí es parte de mi experiencia escribiendo mi propio poemario. Y, de esa forma, evaluar si te resulta útil o no para tu propio proceso de escritura creativa. No te preocupes, no me armaré un manual técnico. Tampoco te haré leer a los referentes: esto no es un curso ni taller de poesía.
Encuentra algo de lo que quieras hablar
Escribir un poemario no es lo mismo que escribir un poema, pero tienen algo en común: algo de lo que se quiere hablar.
(IN)Gesta, de hecho, surgió de un primer poema que se me ocurrió mientras iba en el microbús hacia la universidad (estaba, en ese entonces, en mi último año de Literatura en San Marcos).
Recuerdo que, en el camino de Lurín (donde vivía) hacia San Marcos, se hacía una congestión vehicular terrible entre Puente Atocongo y la Javier Prado… vi buses atorados, peleando por salir primero, por llegar antes; eran enormes bestias mecánicas y nosotros, los pasajeros, su alimento.
No importaba nuestra comodidad, la meta era pasar a los otros, terminar la carrera, ganar dinero. Adentro, cada pasajero con su propia incomodidad o en su propio mundo, absortos del problema real. Y vi un más allá: cada bus era un sistema diferente (política, religión, cualquier forma de dividir a los seres humanos en bandos), nosotros los pasajeros, simples entes devorados en el interior de cada uno… entonces saqué mi cuaderno multiusos y salió el primer poema que no forma parte de la colección (IN)Gesta, pero que dio la base; se llamaba: Desde el estómago de la Bestia.
Y no, no era un panfleto; transformé figuras del mundo real y conceptos en figuras literarias: metáforas, símiles, sinestesias, usé anáforas, entre otras, para crear un universo. Quien leyera ese primer poema jamás pensaría que se “inspiró” en la forma de un microbús limeño.
Sentí, luego de este primer poema, y gracias al taller de poesía que estaba llevando ese año con Marco Martos e Hildebrando Pérez, que ese poema no podía quedar ahí; necesitaba escalar a algo más complejo. Sobre todo, porque mi bestia (el autobús en el que iba) no era la única de la que se podía hablar. Así fue como empecé a construir mi universo de bestias y situaciones para terminar con el poemario que inicialmente se llamó como el primer poema. Y aquí hay otro guiño al proceso creativo: muchas veces, el primer poema que escribes y el primer título que le das a tu poemario no es el que tendrá al momento de publicarse. Y es que, en el proceso, te das cuenta de que puedes hallar otro mucho más pertinente.

¿Cómo aporta esto a tu proceso literario?
Lo que te puedo decir en este primer post que me animo a escribir en el blog sobre “escribir literatura” es:
- Todo tema puede ser poesía:
En educación básica (primaria-secundaria), nos dan material que, si bien es poesía, tiene ejes temáticos muy “poéticos” de la vieja escuela: amor, desamor o temas que suenan bien. Pero la poesía no se reduce a estos escritos que, aunque referentes, son solo una parte del todo. Como en mi ejemplo, puedes poetizar hasta de un bus, o incluso desde la hoja marchita que acaba de caer del árbol o de esa servilleta arrugada en la mesa.
- Cualquier momento es bueno para escribir:
Lejos de afirmar que la poesía es inspiración catártica momentánea, es un proceso (al menos para mí).
A mí me pasó con (IN)Gesta y otros textos en los que he trabajado —y trabajo—: tengo una idea dando vueltas en mi cabeza a partir de lo que observo… y hay un momento, generalmente esos donde tu mente está en «off» de tus responsabilidades diarias (como un viaje en bus o tomar una taza de café), donde por fin tienes ese desbloqueo y le das forma a lo que tanto andabas pensando.
No es catarsis, no es inspiración, es proceso. Este ejemplo fue, de hecho —y lo cuento como anécdota aparte—, lo que me llevó a escribir “La cara del Cristo”, el cuento que ganó el tercer lugar en el certamen Ten en cuento a La Victoria.
Yo ya había visto ese dibujo en mis paseos por Gamarra y quise crear una historia detrás de él… otro día vi a unos niños dibujando otra figura y fui armando la narrativa. En el caso de (IN)Gesta, contar con mi cuaderno multiusos fue clave para que esa idea, que ya había estado gestándose en mis constantes viajes en bus a la universidad y los temas sociales que había aprendido en clases y discusiones (debates) con compañeros, tomara vida.
- Toma distancia estética:
Los poemas son arte, no panfletos. Hay que aprender a decir de otra forma lo que, dicho de manera literal, puede sonar a simple queja o realidad cruda.
Por ejemplo, solo echemos un vistazo a Eguren. El poema La niña de la lámpara azul nos lo enseñan en los colegios como si fuera un poema infantil, pero quienes sabemos leerlo más allá de la superficie detectamos la seducción, el misterio y esa presencia que, lejos de ser una lectura para niños, guía a través de la noche. Eso es la distancia estética: transformar una realidad latente y compleja en una imagen que se queda grabada en el lector, sin necesidad de ser explícitos.
La idea de estos artículos, algo híbridos en los que se mezcla un poco de ensayo con columna de opinión, es contarte mi proceso para que pueda o no serte útil. Hay que comprender que no hay reglas fijas, sino cosas que a algunos les funcionan y a otros quizá no tanto. Si todos fuéramos iguales, todos los productos literarios también lo serían y nos aburriríamos de ver siempre lo mismo.
Te seguiré contando más sobre el proceso creativo para escribir poesía, cuento y novelas en otros artículos. ¡Conversemos en los comentarios y compartamos experiencias! Te leo



