Hay un mito que gira entorno a las calaveras: lo que la gente cuenta es que las calaveras cuidan la casa. Pero ¿qué tan cierto es esto? ¿Realmente existen las calaveras protectoras? ¿O se trata de una creencia más?

El tullunpay la costumbre del pueblo de Chongos Bajo

No sé si sea una verdad o una creencia. Lo cierto es que hay pueblos en el Perú donde se realizan fiestas anuales donde se rinde culto a los cráneos de antepasados muertos con la finalidad de obtener la protección del más allá. Y no se trata de un rito de chamanes, sino una costumbre antigua de pueblos como el de Chongos Bajo, en Huancayo, donde cada 3 de noviembre la población alista los cráneos de sus seres queridos (los cuales guardan en casa) para llevarlos al cementerio a celebrarles una misa comunal.  La costumbre es conocida Tullumpay y en ella se muestra la fe que tienen los pobladores a los abelinos, que es el nombre que le dan a los cráneos de los difuntos.

Los cráneos a los que se les tiene fe en este pueblo de Perú, no solo son de familiares, muchos son cráneos que se han hallado durante excavaciones y que son adoptados por los pobladores para que protejan su casa y sus familias. ¿Interesante verdad? Pues esta práctica no es solo de este pueblo, te apuesto a que si vives en Lima y tu casa ha sido construida cerca de una huaca o sitio arqueológico, hace varios años atrás, tus bisabuelos o abuelos han encontrado cráneos durante la construcción y estos todavía se conservan en alguna parte de su casa, es más, de vez en cuando les prenden su velita para que cuiden la casa.

¿Calaveras en la casa, realmente protegen? : Un caso real

Lo que te voy a contar a continuación es parte de la historia de mi familia paterna y las experiencias que se vivieron en casa luego de que Ramón y Modesto fueran descubiertos cuando se hicieron unas instalaciones sanitarias en la parte de atrás de la casa.  Primero que nada, déjame contarte que Ramón y Modesto son dos calaveras que se encontraron en la casa de mis abuelos hace muchos años atrás (posiblemente más de 60) en Lurín y que posiblemente pertenecieran a antiguos pobladores que alguna vez poblaron las Ruinas de Pachacámac y es que los encontraron enterrados junto a unas vasijitas y con esas tela antiguas que usaba la gente de esta zona costera.

En fin, cuando los encontraron, mi abuela, fiel a sus creencias, decidió limpiar con mucho respeto los cráneos y llevarlos a la casa, y es que lo que ella decía era que ambos cráneos de los finaditos iban a cuidar la casa de ladrones y malas energías.  Desde entonces, mi abuela los dejaba debajo de un sofá en la sala y les ponía sus velitas para que encontraran la luz y cuidaran la casa.

Cosas extrañas empiezas a pasar

El problema de esta práctica es que si bien Ramón y Modesto (como bautizó mi abuela a los cráneos) cuidaban la casa, también eran bastante ruidosos. Y es que desde que empezaron a ser velados, las madrugadas de la casa se llenaban de ruidos por la noche. Mi padre y su hermana me han contado, en esas reuniones familiares que hemos tenido, que al parecer Ramón y Modesto no se llevaban bien y es que se oía como si tiraran cosas durante toda la madrugada, hasta las 4 de la madrugada que mi abuela se despertaba a empezar a preparar todo para el desayuno. Lo curioso es que bastaba que oyeran a mi abuela despertarse para que dejaran de hacer sus ruidos; en más de una ocasión, mi padre y su hermana recuerdan haber oído a mi abuela despertarse antes a gritar a Ramón y Modesto para que dejaran de molestar y dejaran dormir, y de inmediato los ruidos cesaban. Mi abuela era una mujer de carácter fuere y es posible que por eso solo a ella le hacían caso y respetaban. (Aquí te cuento un poco más sobre esta anécdota)

Las calaveras cuidan la casa: una anécdota

Aunque las calaveras que habían en la casa ocasionaban ruido en la noche, lo cierto es que también cuidaban la casa. Una prueba de ello fue una visita que hizo un día un amigo de mi papá cuando no había nadie en la vivienda. Y es que el joven tocó y tocó y de dentro una voz le contestaba a cada rato «No hay nadie» «No hay nadie». Lo curioso es que este amigo, pensando que mi padre le hacía una broma, se puso a espiar por la ventana para gritarle que se dejara de bromear  abriera, pero en eso vio que una sombra negra se le venía encima y salió corriendo hacia su casa. Tardó un par de semanas en ver a mi papá de nuevo y contarle lo que le había pasado.

Debo aceptar que hasta que mi abuela falleció nadie entró a robar en la casa y es que ella siempre se encargaba de ponerle sus velitas misioneras a Ramón y Modesto. (Aquí una versión extendida de esta historia)

Mi experiencia con Ramón y Modesto, las calaveras de mi abuela

Mi abuela falleció en 2001 y desde entonces la práctica de ponerle velitas a Ramón y Modesto se perdió y los cráneos fueron guardados en una habitación que servía de almacén en el segundo piso. Yo me mudé a esta casa en 2012 y venía de la casa de mis papás, donde había padecido parálisis de sueño y sueños repetitivos con un ente que me hostigaba. Cuando me mudé a casa de mi abuela en 2012, remodelé por completo una habitación del segundo piso, al lado del almacén y empecé a vivir cosas extrañas en la casa, aunque antes, cuando era pequeña y vivíamos todos en la misma casa, también las había padecido.

Aquí cuento algunas de esas experiencias.

El vaso que reventó en mi cama

Mi primera experiencia con Ramón y Modesto fue la primera noche que dormí en mi nuevo cuarto. Sucede que ya me iba a echar a dormir y estaba nerviosa porque ya había tenido experiencias raras de niña en esa habitación. Sin embargo, me quedé dormida rápidamente luego de tomar un vaso de agua que luego dejé sobre una repisa a unos tres metros de mi cama; sin embargo, algo pasó: a las 3 de la mañana, me desperté porque oí un ruido muy fuerte y me paré a encender la luz. Cuando lo hice pude ver que el vaso había reventado contra la parte inferior de la cama ¡El vaso que estaba a tres metros de la cama!

Las calaveras movieron la cama

Mi segunda experiencia con las calaveras fue unos días después. Estaba muy cansada y quería dormir. Y me puse a pensar en mi abuela y sus historias sobre las calaveras de la casa y entonces pensé: si realmente son ustedes a ver hagan algo (ojo lo pensé, no lo dije). Y entonces la cama se remeció como si fuera un temblor. Me paré y salí corriendo pensando que era un temblor (esa casa es vieja y es peligroso quedarse en el segundo piso si hay un sismo fuerte) pero cuando bajé nadie más había salido y ni habían sentido el movimiento. Tampoco había ningún reporte de sismo. Entonces supe que habían sido Ramón y Modesto y recordé que a ningún ente le gusta que entren a su casa sin pedir permiso y yo era una intrusa en esa casa, ya que recién había vuelto a vivir ahí. No tuve miedo… solo pensé… «soy la nieta de la que los velaba, no quiero que me molesten y no los voy a molestar, ahora yo vivo en esta casa, ¡a mi cuarto no entran, déjenme en paz o echo agua bendita en todos lados!»

Luego de pensar esto, sentí como un alivio, como si algo pesado saliera de mi cuarto y no volvieron a moverme la cama, ni tirarme cosas en mi habitación.

Las calaveras no dejan que otros entes entren en la casa

Otra experiencia que tuve con las calaveras de mi abuela fue que por varios años dejé de tener esas molestas pesadillas con esa sombra mientras estuve allí y dejé de tener parálisis de sueño donde veía a la sombra ahogándome, hablándome o tratando de tocarme.  Es más una vez, que estaba en el cuarto, despierta, tuve la misma sensación de cuando estaba en esas pesadillas (ya saben, la sensación de estar en peligro) entonces vi cómo la manija de la puerta de mi cuarto empezó a moverse con fuera como si alguien intentara entrar de forma desesperada. Y créanme en ningún momento pensé que fueran las calaveras de mi abuela, ya habían estado tranquilas mucho tiempo y no se metían conmigo, es decir ya no me molestaban en mi habitación. Entonces escuche ruido (ese ruido de como si pelearan fuera) y luego dejé de sentir miedo.  Abajo también habían oído el ruido, pero solo yo estaba en la segunda planta, me escribieron al cel para preguntar si todo estaba bien, y les dije que sí, que estaban penando afuera y obviamente nadie salió hasta el otro día. Ese día sentí que las calaveras de mi abuela me habían protegido del ente de mi antigua casa… quizá fuera solo una idea mía, pero la manija se movió…  y no había nadie del otro lado, lo sé porque vi por un huequito que había en la puerta (como hacía cuando alguien tocaba).  (Aquí una versión extendida de esta anécdota)

Las calaveras  de la casa de mi abuela odian el agua bendita

Creo que Ramón y Modesto eran calaveras prehispánicas, y es que el agua bendita les molestaba. Una vez mi prima mayor y yo nos quedamos solas en la casa de mis abuelos cuando todos se habían ido a Ica a vacacionar. Entonces ella, miedosa, echó agua bendita en toda la casa, sin avisarme. Esa fue la noche más movida de la casa, incluso en mi habitación. Todo empezó con el silbido de Modesto (no sé por qué, pero ese silbido siempre lo asocié con esta calavera). Tú podía estar en la casa y escuchar a una persona silbar caminando por toda la casa. Es más escuchabas sus pasos. Esto si me asustó porque Ramón y Modesto eran entes prehispánicos y ellos no usaban zapatos. Luego escuchabas que te tocan la ventana (mi cuarto estaba en un segundo piso y al otro lado no había nada).  Así estuvo toda la noche hasta que se hizo de día y bajé a decirle a mi prima que no volviera a usar el agua bendita o no nos dejaría dormir de nuevo.

Otra vez que también se molestaron por el agua bendita también fue bien movida. Recuerdo que esta vez todos estábamos en casa, ya era de madruga y entonces escuchamos como una pelota rebotaba por las escaleras. Ojo no se caía, rebotaba. Y luego volví a rebotar subiendo. Todos estábamos en la casa, en sus habitaciones y lo oímos. Y nadie abrió su puerta.

Debo aceptar que no lo hice hasta que me ganaron las ganas de bajar al baño (había tomado demasiada agua) pero esperé a que pasara las 4 am para hacerlo. Y luego vi cómo en la puerta de la habitación principal del primer piso habían dejado un muñeco atravesado en la manija, como para que no pudiera abrirse. También habían otros juguetes tirados, como si alguien se hubiera enojado y los hubiera aventado (para ese entonces, ya había niños chicos en la casa).

Tengo más anécdotas de las calaveras protectoras de la casa de mi abuela que te compartiré en una próxima publicación. Saca tus conclusiones ¿cuidan realmente las calaveras o quizá solo cuidan si le pones su velita? Recuerda desde que falleció mi abuela nadie siguió esta práctica y desde entonces Ramón y Modesto, sus calaveras, hacen alguna travesura de vez en cuando en la casa, pero todo inofensivo, después de todo, llevamos la misma sangre de quien los limpió, respetó y veló desde que los encontró.